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ALERTA FINANCIERA: el riesgo país trepó a 717 puntos y crece la preocupación por la economía argentina
El indicador de JP Morgan alcanzó un nuevo máximo anual en medio de la caída de los bonos argentinos y los datos negativos de actividad y consumo. La suba del petróleo a más de US$ 116 también suma presión sobre los mercados internacionales.
El riesgo país argentino volvió a subir este viernes y alcanzó los 717 puntos básicos al comienzo de las operaciones, con un incremento de 13 unidades respecto del cierre anterior. El avance se produjo en una jornada marcada por las bajas de los bonos soberanos y las señales de debilidad de la economía local, un escenario que profundiza la preocupación de los inversores por la capacidad del país para afrontar sus compromisos financieros.
El indicador, elaborado por el banco de inversión JP Morgan, volvió a superar los 700 puntos en medio de una semana negativa para los activos argentinos. Los bonos de la deuda pública registraron caídas de hasta el 1,1% durante las primeras operaciones, reflejando la cautela de los mercados frente a las perspectivas económicas y las condiciones internacionales de financiamiento.
A la incertidumbre local se sumó el aumento del precio del petróleo. El barril de Brent superó los US$ 116, impulsado por las tensiones en Medio Oriente y la falta de una resolución que permita reducir los riesgos sobre el abastecimiento mundial de energía. El encarecimiento del crudo volvió a encender las alertas por sus posibles efectos sobre la inflación internacional y las decisiones de los principales bancos centrales.
Un escenario de mayores presiones inflacionarias podría complicar las perspectivas de una reducción de las tasas de interés en Estados Unidos. Si el costo del financiamiento internacional permanece elevado durante más tiempo, los países emergentes podrían enfrentar mayores dificultades para acceder al crédito externo y atraer inversiones. Para la Argentina, esa situación representa un desafío adicional en un momento en el que los inversores siguen de cerca la evolución de la deuda soberana.
Sin embargo, la presión sobre los activos locales no responde únicamente al contexto internacional. Durante los últimos días también se conocieron indicadores económicos que muestran dificultades para consolidar la recuperación de la actividad y el consumo, dos variables fundamentales para las perspectivas de crecimiento del país.
El miércoles, el Instituto Nacional de Estadística y Censos informó que la actividad económica cayó un 1,7% interanual en agosto, la mayor contracción de este tipo registrada en lo que va de 2026. De esta manera, el Estimador Mensual de Actividad Económica acumuló dos retrocesos interanuales consecutivos, una señal que volvió a poner en discusión la fortaleza de la recuperación económica.
A pesar de ese resultado, la actividad acumuló una expansión del 1,2% entre enero y agosto frente al mismo período del año anterior. En la comparación mensual desestacionalizada, el indicador registró una mejora de apenas el 0,1% respecto de julio, luego de la contracción del 2,8% observada durante ese mes.
La mejora mensual fue limitada y no alcanzó para despejar las dudas sobre el desempeño de la economía durante el segundo semestre. El retroceso del 0,6% registrado en el segundo trimestre frente al primero también constituye un antecedente relevante: si la actividad vuelve a caer en el período comprendido entre julio y septiembre respecto del trimestre anterior, la economía podría entrar en una recesión técnica, definida habitualmente por dos trimestres consecutivos de contracción.
A los datos de actividad se sumaron las dificultades del consumo interno. Las mediciones privadas difundidas durante la semana mostraron que el consumo masivo volvió a caer en septiembre, con una baja interanual del 1,2% y un retroceso acumulado del 2,7% durante los primeros nueve meses del año. La tendencia refleja las dificultades de numerosos hogares para sostener sus compras habituales y la presión que ejercen los gastos cotidianos sobre los ingresos.
La combinación de una actividad económica debilitada y un consumo que no logra recuperarse de manera sostenida genera interrogantes sobre las perspectivas de las empresas, el empleo y los ingresos. Estos factores también son observados por los inversores, que buscan señales de una mejora capaz de respaldar el crecimiento y fortalecer la capacidad de pago del Estado.
El riesgo país mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos soberanos argentinos y el de los títulos considerados de referencia internacional, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Cuando el indicador sube, significa que los inversores exigen una mayor compensación por el riesgo de prestar dinero al país, lo que puede encarecer el financiamiento externo y dificultar el regreso a los mercados internacionales de crédito.
En este contexto, el comportamiento de los activos argentinos mostró diferencias durante el inicio de la jornada del viernes. Mientras los bonos de la deuda pública operaron en terreno negativo, el índice S&P Merval de la Bolsa porteña avanzó un 0,8%. Los certificados de acciones de empresas argentinas que cotizan en Wall Street, conocidos como ADR, mostraron resultados dispares.
La evolución del riesgo país se convirtió así en uno de los principales indicadores de una semana financiera adversa para la Argentina. La caída de los bonos, las dudas sobre el ritmo de la actividad económica y las dificultades del consumo coincidieron con un escenario internacional más complejo por el encarecimiento del petróleo.
En las próximas semanas, la atención de los mercados estará puesta en la publicación de nuevos indicadores económicos, la evolución de los títulos soberanos y las condiciones financieras internacionales. Mientras el Gobierno busca sostener la estabilidad económica, la permanencia del riesgo país por encima de los 700 puntos refleja que persisten las dudas de los inversores sobre las perspectivas argentinas y su capacidad para consolidar una recuperación sostenida.
