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NAFTAS: el Gobierno vuelve a postergar una suba de impuestos y evita otro golpe al surtidor
El Ejecutivo decidió diferir hasta el 1 de octubre la actualización del Impuesto a los Combustibles que debía aplicarse esta semana. La medida busca contener una presión adicional sobre los precios, que ya acumulan una suba promedio cercana al 25 por ciento en 2026.
El Gobierno nacional volvió a postergar la actualización del Impuesto a los Combustibles y decidió trasladar hasta el 1 de octubre el incremento que debía comenzar a aplicarse esta semana. La medida fue oficializada mediante el decreto 829, publicado en el Boletín Oficial, y busca evitar que una nueva carga impositiva se traduzca de manera inmediata en un aumento adicional en los surtidores.
La decisión permite contener, al menos por ahora, uno de los factores que podría empujar nuevamente el precio de las naftas y el gasoil. Sin embargo, la postergación del impuesto no significa que los consumidores hayan quedado al margen de los aumentos: durante 2026, los combustibles acumularon una suba promedio cercana al 25 por ciento.
La evolución de los precios responde a una combinación de factores. Entre ellos se encuentran la cotización internacional del petróleo, los costos de producción y distribución, las decisiones comerciales de las compañías petroleras y la incidencia de los distintos impuestos que componen el precio final.
Uno de los momentos de mayor tensión se produjo en marzo, cuando la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente generó una fuerte suba en la cotización internacional del crudo. El barril llegó a superar los 120 dólares y provocó una importante presión sobre el mercado energético.
Pero el escenario internacional comenzó a modificarse posteriormente. En abril, YPF decidió no trasladar completamente al mercado interno las variaciones registradas en el precio internacional del petróleo, una estrategia que luego fue acompañada por otras empresas del sector.
Desde entonces, el valor internacional del crudo descendió de manera considerable y actualmente el barril se ubica alrededor de los 70 dólares, muy por debajo de los máximos alcanzados durante la escalada registrada en marzo.
A pesar de esa baja, los combustibles continuaron registrando aumentos en el mercado argentino. En la actualidad, el litro de nafta Súper ronda los 2.000 pesos, aunque el precio final varía según la petrolera, la estación de servicio y la ubicación geográfica.
En este contexto aparece la discusión por el Impuesto a los Combustibles. El tributo contempla actualizaciones que el Gobierno decidió diferir para evitar que se sumen de manera inmediata al precio que pagan los consumidores.
La actualización ya había sido postergada en abril y junio. Ahora, a través del decreto 829, el Ejecutivo volvió a aplazar su aplicación y fijó el 1 de octubre como nueva fecha para comenzar a incorporar los incrementos pendientes.
Según la explicación oficial, la decisión tiene como objetivo “continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible” y evitar que la actualización impositiva genere una presión adicional sobre los precios.
El punto central es que la postergación del impuesto no implica congelar el precio de los combustibles. Las naftas y el gasoil ya aumentaron durante el año por la incidencia de los diferentes componentes que determinan su valor. Lo que el Gobierno busca evitar es que a esos incrementos se agregue, en el corto plazo, el impacto correspondiente a la actualización tributaria pendiente.
El Impuesto a los Combustibles acumula ajustes correspondientes a distintos períodos que todavía no fueron aplicados en su totalidad. Entre ellos se encuentran actualizaciones vinculadas con 2024, 2025 y los dos primeros trimestres de 2026.
La decisión oficial permite entonces ganar tiempo y evitar un incremento adicional en los surtidores durante septiembre, aunque al mismo tiempo mantiene acumuladas las actualizaciones que deberán resolverse en una fecha posterior.
El Gobierno apunta de esta manera a reducir el impacto inmediato sobre la inflación. Un aumento de los combustibles no solo afecta directamente a quienes utilizan vehículos particulares, sino que también puede trasladarse al transporte de pasajeros, la logística y los costos de distribución de numerosos bienes y servicios.
Por ahora, la actualización impositiva quedó nuevamente en suspenso y la nueva fecha establecida es el 1 de octubre. Hasta entonces, el precio de las naftas y el gasoil continuará determinado por la evolución del petróleo, los costos internos, las decisiones de las petroleras y los restantes componentes que conforman el valor final en los surtidores.
La postergación evita así un nuevo impacto impositivo inmediato, pero no elimina los aumentos pendientes. El interrogante será qué decisión tomará el Gobierno cuando llegue octubre y cuánto de esa actualización acumulada terminará trasladándose al precio que pagan los consumidores.
