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ALARMA ECONÓMICA: caída de empresas, empleo en retroceso y un crecimiento que beneficia a pocos
Informes privados y datos oficiales advierten sobre un freno en la actividad, cierre de firmas y pérdida de puestos de trabajo. Señalan que el modelo concentra resultados positivos en sectores puntuales y debilita el entramado productivo.
La evolución reciente de la economía argentina bajo la gestión de Javier Milei profundiza el debate entre analistas y centros de estudio, que advierten sobre un proceso de contracción de la actividad, pérdida de empleo y cierre de empresas en distintos sectores productivos.
Un informe de Fundar, elaborado en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, señala que desde el inicio de la actual administración desaparecieron 24.180 empresas, lo que implica una caída del 4,7 por ciento del total. El documento también indica que 14 de los 19 sectores económicos muestran retrocesos y que 23 de las 24 provincias registran descensos en la cantidad de unidades productivas.
En paralelo, un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina advierte que el empleo registrado en unidades productivas cayó un 3 por ciento, equivalente a la pérdida de 290.123 puestos de trabajo. Si se suman las trabajadoras de casas particulares, la cifra asciende a 317.179 empleos menos en poco más de dos años.
Desde estos espacios se plantea que el deterioro responde a múltiples factores, entre ellos la reducción de subsidios, cambios en las condiciones laborales, menor inversión en sectores tradicionales y un desplazamiento hacia la informalidad. Además, se advierte que no solo cae la cantidad de empleo, sino también su calidad, con impacto en salarios, estabilidad y beneficios.
Otro eje del análisis se centra en la apertura comercial. De acuerdo con datos de la gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, la participación de las importaciones de bienes finales en la canasta importadora alcanzó el 24,5 por ciento en los últimos doce meses, superando niveles observados en períodos como la convertibilidad o entre 2016 y 2019.
El mismo informe señala que entre 2023 y 2025 las importaciones de bienes finales crecieron un 80 por ciento, mientras que las compras externas de insumos productivos cayeron un 25 por ciento, lo que sugiere un desplazamiento de la producción local por bienes importados.
En cuanto a la actividad económica, datos del INDEC muestran que en febrero se registró una caída del 2,6 por ciento, uno de los descensos más pronunciados para ese mes desde 2004, comparable con etapas de crisis o ajustes económicos.
El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo en distintas intervenciones que los próximos meses podrían evidenciar una mejora, en línea con una estrategia orientada a recomponer expectativas. Sin embargo, diversos analistas mantienen dudas sobre la capacidad de recuperación en el corto plazo.
Los estudios coinciden en que la dinámica actual presenta una marcada heterogeneidad: mientras sectores vinculados a exportaciones de commodities y al sistema financiero muestran mejores desempeños, las actividades orientadas al mercado interno registran caídas en producción, consumo y empleo.
En este escenario, se configura una estructura económica con crecimiento concentrado y bajo nivel de derrame hacia el resto de los sectores. El resultado, según los informes, es una economía con superávit externo pero con debilitamiento del tejido productivo y social.
Especialistas advierten además sobre los riesgos a mediano plazo, tanto en términos económicos como políticos, si la tendencia no se revierte. Aunque no descartan la posibilidad de un rebote técnico en los próximos meses, consideran que podría no ser suficiente para recuperar los niveles previos de actividad ni revertir el deterioro acumulado.
