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ECONOMÍAS REGIONALES EN ROJO: precios pisados, costos altos y productores al límite bajo el ajuste de Milei
Un informe de Coninagro volvió a encender las alarmas sobre yerba mate, arroz, vino, hortalizas, algodón, leche y mandioca. La mayoría de las actividades siguen en rojo o amarillo, mientras la rentabilidad se deteriora.
Las economías regionales siguen atravesando un escenario crítico bajo el gobierno de Javier Milei, con precios que no alcanzan a cubrir el aumento de los costos, caída del consumo, menor rentabilidad y actividades que no logran salir del deterioro.
Según el último Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro, durante mayo la mayoría de los sectores volvió a ubicarse entre amarillo y rojo, sin mejoras respecto de abril.
El informe registró ocho actividades en rojo y siete en amarillo, mientras que apenas cuatro mostraron señales positivas. El dato confirma que el supuesto ordenamiento macroeconómico que celebra el Gobierno nacional no llega a buena parte de la producción federal, especialmente a los sectores que dependen del mercado interno, del consumo popular y de precios que permitan sostener la actividad.
Entre las actividades más golpeadas aparecen la yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, la leche y la mandioca. En varios de esos rubros, el problema central se concentra en el negocio: los precios que reciben los productores se mantienen estancados o avanzan por debajo de la inflación y de los costos operativos.
“En la mayoría de estos casos, el problema principal está en el componente de negocio: los precios que reciben los productores se mantuvieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación y del aumento de los costos operativos. Esto termina deteriorando la rentabilidad y dificulta la recuperación de estas actividades”, señaló Coninagro en su informe.
El cuadro expone una tensión creciente en el interior productivo. Mientras el Gobierno nacional insiste con la desregulación y el ajuste como ejes de su política económica, los productores de distintas cadenas advierten que el margen se achica cada vez más y que la recuperación no aparece.
Uno de los casos más sensibles es el de la yerba mate, una actividad afectada directamente por la desregulación impulsada por la administración Milei. En mayo, la tonelada de hoja verde se pagó al productor alrededor de 240.000 pesos, lo que implicó una caída real del 20 por ciento interanual.
El área cultivada se mantuvo estable en 231.000 hectáreas, pero la producción de los últimos doce meses alcanzó las 847.000 toneladas, con una baja del 3 por ciento respecto del período anterior. En paralelo, el consumo interno se mantiene en torno a los 6 kilos por habitante al año, en un contexto de fuerte pérdida de poder adquisitivo.
La producción láctea también muestra señales preocupantes. Según el Observatorio de la Cadena Láctea, en el primer cuatrimestre del año el consumo de leche fluida cayó 2,1 por ciento interanual, mientras que la leche en polvo sufrió una merma mucho más pronunciada, del 23 por ciento.
En mayo, la participación del productor tambero en el precio final llegó al 23 por ciento, cinco puntos porcentuales por debajo del promedio histórico, ubicado en torno al 28 por ciento. El dato refleja una cadena en la que el productor pierde peso frente al precio que termina pagando el consumidor.
Las actividades que permanecieron en amarillo fueron la forestal, el maní, la leche, el tabaco, los cítricos dulces, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y la papa. Para Coninagro, estos sectores presentan “señales mixtas”, aunque sin consolidar una mejora clara.
“Los precios no lograron acompañar la inflación, la demanda se mantuvo estable o con poca dinámica y los costos continuaron elevados. Esta combinación derivó en períodos de recuperación prolongados y en dificultades para consolidar mejoras sostenidas”, indicó el informe.
Otro punto crítico que mide Coninagro es la participación del productor en el precio que pagan los consumidores. En mayo de 2026, solo cuatro de las once actividades relevadas registraron una participación superior a su promedio histórico para el mismo mes: papa, hortalizas, porcinos y ovinos. Las siete restantes mostraron una menor participación del productor en el precio final.
En la cadena porcina, el productor recibió el 37 por ciento del precio final, dos puntos porcentuales por encima del promedio de los últimos cinco años para mayo, que era del 35 por ciento. En la cadena ovina, la participación llegó al 22 por ciento, también dos puntos por encima de su promedio histórico.
En cambio, las cadenas bovina y aviar mostraron una menor participación del productor respecto de sus valores históricos. En la bovina, el productor captó el 58 por ciento del precio final, frente a un promedio cercano al 62 por ciento. En la aviar, la participación fue del 40 por ciento, contra un promedio histórico del 44 por ciento.
El negocio del vino y el mosto también continúa en rojo. El área destinada a la vitivinicultura se ubicó en 196.000 hectáreas, con una reducción del 2 por ciento respecto del período previo. La vendimia 2026 generó una producción de 18,4 millones de toneladas, una caída del 7 por ciento frente a la campaña anterior.
En mayo, el precio promedio pagado al productor fue de 273 pesos por litro, lo que representó una baja interanual del 23 por ciento. El dato golpea a una de las economías regionales más importantes del país, con fuerte presencia en provincias como Mendoza, San Juan y otras zonas productivas del oeste argentino.
El algodón también permanece en rojo, pese a algunos movimientos positivos en el precio mensual. Durante mayo, el productor recibió en promedio 1.956 pesos por kilogramo, un incremento del 14 por ciento respecto de abril y una variación interanual del 45 por ciento, por encima de la inflación del 33,2 por ciento registrada en el mismo período.
Sin embargo, la campaña 2025-2026 mostró una fuerte caída de la superficie sembrada, del 43 por ciento, hasta cubrir 390.000 hectáreas. En volumen, se proyecta una producción de 750.000 toneladas, lo que implicaría una baja del 29 por ciento en comparación con la campaña anterior.
En el caso de la papa, el kilo pagado al productor alcanzó en mayo los 705 pesos, con una suba mensual del 31 por ciento e interanual del 134 por ciento. Aun así, el área de producción del sudoeste bonaerense abarcó 33.722 hectáreas, una caída del 12 por ciento respecto de la campaña anterior.
En los últimos doce meses, las exportaciones de papa sumaron 380 millones de dólares, con una baja del 5 por ciento. Las importaciones, en tanto, llegaron a 15 millones de dólares, con una suba del 2 por ciento respecto del período anterior.
El panorama general muestra que las economías regionales siguen atrapadas entre costos elevados, precios insuficientes, consumo debilitado y menor capacidad de recuperación. La foto de mayo no muestra un rebote, sino una continuidad del deterioro que afecta a productores, cooperativas, trabajadores y comunidades enteras del interior.
La política económica de Milei, basada en desregulación, apertura, recorte del gasto y caída del poder adquisitivo, vuelve a chocar con la realidad productiva de las regiones. Mientras el Gobierno apuesta a que el mercado acomode los desequilibrios, los informes sectoriales muestran que buena parte de las actividades no tiene margen para esperar.
El Semáforo de Coninagro deja una conclusión difícil de esquivar: las economías regionales no están en una transición ordenada hacia la recuperación, sino en una zona de fragilidad persistente.
Para muchos productores, el problema ya no es solo vender menos, sino vender sin rentabilidad suficiente para sostener la próxima campaña.
El deterioro de estos sectores golpea mucho más allá de cada tranquera o establecimiento productivo. En las economías regionales se juega buena parte del empleo, el arraigo, el movimiento comercial de los pueblos y la supervivencia de cadenas que sostienen a miles de familias en el interior del país.
Con precios pisados, costos en alza y consumo debilitado, el interior productivo vuelve a encender señales de alarma. Mientras el Gobierno exhibe indicadores macroeconómicos como prueba de estabilidad, los productores advierten que la realidad en las regiones es otra: menos rentabilidad, más incertidumbre y un límite cada vez más cercano.
