LA DESTRUCCIÓN DE LA INDUSTRIA: Argentina se desploma mientras el mundo vuelve a producir
La actividad industrial local se contrae con fuerza en un escenario global que apunta al fortalecimiento productivo. Cierre de empresas, pérdida de empleo y menor inversión marcan un rumbo opuesto al de las principales economías.
La industria argentina atraviesa un proceso de caída sostenida en un contexto internacional que, por el contrario, muestra un giro hacia el fortalecimiento de la producción local. Mientras las principales economías revisan su dependencia externa y promueven políticas industriales, el país profundiza un escenario de contracción, con impacto directo en el empleo y el entramado productivo.
El marco global suma incertidumbre a partir de las tensiones en Medio Oriente, que impulsaron el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril. Este factor anticipa presiones inflacionarias y posibles efectos sobre el crecimiento mundial, en un escenario donde la oferta energética podría permanecer restringida durante un período prolongado.
Sin embargo, más allá del impacto coyuntural, el mundo ya venía transitando un cambio estructural. Distintas economías comenzaron a cuestionar los efectos de la globalización y a priorizar la producción local como herramienta para generar empleo y asegurar cadenas de suministro. Este proceso incluye mayor intervención estatal, políticas proteccionistas y estímulos a la industria.
En contraste, la dinámica argentina muestra un rumbo inverso. Bajo la gestión de Javier Milei, la combinación de apertura comercial, apreciación cambiaria y caída de la demanda interna impactó con fuerza en la actividad industrial.
Los indicadores reflejan la magnitud del deterioro. La producción acumuló una caída del 10,7 por ciento en el primer bimestre de 2026 en comparación con 2023, mientras que cerca de 2.900 empresas industriales dejaron de operar en ese período. A esto se suma la pérdida de más de 79.000 puestos de trabajo registrados en el sector.
El retroceso es generalizado y alcanza a la mayoría de las ramas industriales. Actividades como la metalmecánica, el sector textil y la industria automotriz figuran entre las más afectadas, en un escenario donde solo algunos segmentos vinculados a la energía logran sostener niveles de actividad.
La utilización de la capacidad instalada se ubica en torno al 54 por ciento, uno de los niveles más bajos de los últimos años, lo que evidencia un aparato productivo con altos niveles de ociosidad. En paralelo, la inversión no muestra señales claras de recuperación y se observa un crecimiento en la participación de bienes importados en el mercado interno.
A nivel internacional, el desempeño argentino aparece rezagado frente a otros países de la región que muestran una evolución más favorable en materia industrial. En este contexto, la caída local no se vincula con un proceso de reconversión productiva, sino con un ajuste que debilita la capacidad de generar valor agregado y empleo en una economía cada vez más expuesta a factores externos.
