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ESCÁNDALO Y PODER: la trama Menem se expande en el Estado con cargos, negocios y vínculos cruzados
Un relevamiento detectó al menos 17 familiares con puestos públicos y nexos con contratos millonarios. La red crece desde Nación hasta La Rioja y reaviva el debate por el nepotismo.
La presencia de la familia Menem en distintas áreas del Estado volvió al centro de la escena tras conocerse que al menos 17 integrantes ocupan cargos públicos o mantienen vínculos con organismos clave y negocios asociados a la administración.
El armado político tiene como principales figuras a Martín Menem y Eduardo Menem, conocido como “Lule”, quienes consolidaron su influencia con el crecimiento de La Libertad Avanza y su llegada al poder en 2023 junto al presidente Javier Milei.
Desde entonces, la red familiar se extendió en diferentes organismos. En el Congreso, Martín Menem designó a su sobrino Federico Sharif Menem como director general, una decisión que generó cuestionamientos desde sectores opositores. En paralelo, “Lule” Menem se posicionó como un hombre cercano al entorno presidencial, con funciones dentro de la Secretaría General de la Presidencia.
La presencia del apellido también se replica en otras dependencias estatales. Familiares directos ocupan cargos en la Auditoría General de la Nación, en áreas de la Aduana y en el PAMI de La Rioja, entre otros organismos, además de desempeñarse como asesores legislativos y empleados en distintas áreas del Congreso.
El entramado no se limita al oficialismo. En la provincia de La Rioja, bajo la gestión del gobernador Ricardo Quintela, también hay integrantes de la familia en cargos relevantes, lo que refleja la transversalidad política del grupo.
Más allá de los puestos públicos, el apellido Menem aparece vinculado a negocios con el Estado. Entre ellos se destacan la operación de registros de la propiedad automotor en distintas jurisdicciones y la adjudicación de contratos millonarios. Uno de los casos más resonantes involucra a una empresa de seguridad relacionada con familiares que obtuvo una licitación cercana a los 4.000 millones de pesos para prestar servicios al Banco Nación.
La expansión de esta red reactivó cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés, concentración de poder y prácticas de nepotismo en la administración pública. Desde el oficialismo, en tanto, defendieron las designaciones bajo argumentos de confianza política y capacidad técnica.
El fenómeno vuelve a poner en debate los límites entre la construcción de poder basada en vínculos personales y las demandas de mayor transparencia en la gestión estatal, en un contexto de creciente sensibilidad social frente al uso de los recursos públicos.
