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YEMEN, EL PAÍS QUE PARECE SECUNDARIO: la posición estratégica que puede sacudir al comercio mundial
Yemen no tiene las enormes reservas petroleras de sus vecinos, pero su ubicación lo convierte en una pieza clave de las rutas marítimas entre Europa, Asia y África. El estrecho de Bab el Mandeb y el archipiélago de Socotra explican su enorme importancia geopolítica.
Yemen suele aparecer en las noticias asociado con guerras, enfrentamientos internos y disputas entre las principales potencias de Medio Oriente. Sin embargo, su verdadera importancia internacional no se explica solamente por sus conflictos: está profundamente relacionada con su ubicación geográfica.
El país se encuentra frente a algunas de las rutas marítimas más importantes del planeta y domina geográficamente uno de los accesos al mar Rojo. Esa posición le otorga una capacidad de influencia que supera ampliamente su peso económico y militar.
El punto más importante es el estrecho de Bab el Mandeb, ubicado entre Yemen y el Cuerno de África, frente a las costas de Yibuti y Eritrea. Con una anchura aproximada de 30 kilómetros, este paso conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una vía fundamental entre el océano Índico y el canal de Suez.
Por ese corredor circula una enorme cantidad de mercancías y productos energéticos destinados a distintos mercados internacionales. Su importancia radica precisamente en que permite conectar las rutas marítimas procedentes de Asia con el Mediterráneo y, desde allí, con Europa.
Cuando la navegación por esa zona se ve amenazada, el impacto puede superar rápidamente las fronteras de Yemen. Las compañías navieras pueden modificar sus recorridos, aumentar los costos de transporte y seguros y optar por rutas considerablemente más largas para evitar el área de riesgo.
Un desvío de ese tipo puede incrementar los tiempos de viaje y los gastos logísticos de productos que recorren miles de kilómetros. Por esa razón, un conflicto aparentemente localizado en Yemen puede terminar teniendo consecuencias sobre las cadenas de suministro internacionales y, eventualmente, sobre los precios que pagan consumidores en otros continentes.
La importancia estratégica de Yemen tampoco se limita a Bab el Mandeb. El país posee alrededor de 1.900 kilómetros de costas sobre el mar Rojo, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Esa extensa fachada marítima lo ubica frente a las rutas que conectan Europa, Asia y África.
En términos geopolíticos, esa posición convierte al territorio yemení en una pieza particularmente sensible. No es necesario controlar grandes reservas petroleras para ejercer presión sobre el comercio internacional: basta con tener la capacidad de afectar una ruta marítima difícil de reemplazar.
Yemen también posee una población considerable para los estándares de la península arábiga. Su territorio supera los 500.000 kilómetros cuadrados y su población ronda los 40 millones de habitantes, aunque los años de guerra, los desplazamientos y las dificultades para obtener estadísticas actualizadas hacen que las estimaciones varíen.
El contraste con otros países de la región resulta significativo. Arabia Saudita dispone de un territorio mucho mayor y de enormes recursos energéticos y financieros, mientras que Yemen posee una economía considerablemente más débil. Sin embargo, su posición geográfica le proporciona una importancia estratégica que no puede medirse solamente a través del producto interno bruto o de sus reservas de petróleo.
A diferencia de varias de las grandes economías del Golfo, Yemen no cuenta con enormes reservas petroleras que expliquen por sí solas el interés internacional sobre su territorio. Sus recursos energéticos son mucho más limitados y su economía ha sufrido durante años las consecuencias de la inestabilidad política y de la guerra.
Su valor estratégico también está relacionado con sus islas. Entre ellas se encuentra Perim, ubicada directamente en el estrecho de Bab el Mandeb, además del archipiélago de Socotra, situado entre el golfo de Adén y el océano Índico.
Socotra ocupa una posición particularmente sensible. Desde sus aguas es posible observar y controlar una zona cercana a las rutas marítimas que conectan el mar Rojo con el océano Índico. Esa característica convirtió al archipiélago en un territorio de interés para distintos actores regionales y potencias que buscan ampliar sus capacidades de vigilancia y presencia estratégica.
La importancia de Socotra tampoco comenzó con la guerra actual. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética utilizó el archipiélago como punto de apoyo para actividades vinculadas con la vigilancia y la presencia naval en el océano Índico.
En las últimas décadas, la competencia regional volvió a colocar a las islas yemeníes en el centro de las disputas. Emiratos Árabes Unidos desarrolló infraestructura y capacidades de vigilancia en distintos puntos del área, mientras que Arabia Saudita mantiene intereses estratégicos en el sur de Yemen.
Esa competencia forma parte de una disputa mucho más amplia por la influencia en el sur de la península arábiga, donde intervienen actores regionales y externos. El territorio yemení terminó convirtiéndose así en uno de los escenarios donde se cruzan intereses militares, comerciales y energéticos.
Otro punto fundamental es Adén. Su puerto, ubicado frente al golfo del mismo nombre, tuvo durante siglos una enorme importancia para el comercio entre Oriente y Occidente. Su posición permitió que se transformara en una escala fundamental para las embarcaciones que atravesaban las rutas comerciales entre Europa, África y Asia.
La combinación de Adén, Bab el Mandeb, Socotra y la extensa costa yemení explica por qué las grandes potencias siguen prestando atención al país pese a su debilidad económica.
Yemen demuestra así que el poder de un Estado no siempre depende de su riqueza. Un país con recursos limitados puede adquirir una influencia internacional desproporcionada cuando se encuentra ubicado sobre una ruta estratégica que conecta mercados, energía y comercio.
Pero esa misma ventaja geográfica también puede convertirse en una maldición. La posición de Yemen lo transforma en un escenario atractivo para las disputas entre potencias y, al mismo tiempo, aumenta las consecuencias de cualquier conflicto que se desarrolle en su territorio o en sus aguas.
La guerra interna, la presencia de los hutíes, la intervención de países de la región y la competencia por la influencia sobre los puertos y las rutas marítimas convierten a Yemen en un punto de permanente tensión.
El verdadero riesgo aparece cuando una crisis local alcanza las rutas internacionales. Si la navegación por Bab el Mandeb se vuelve insegura durante un período prolongado, las empresas pueden verse obligadas a modificar sus recorridos y utilizar rutas alternativas mucho más extensas.
Eso significa que una escalada militar en Yemen puede traducirse en mayores costos de transporte, demoras en las entregas, presión sobre las cadenas de suministro y dificultades para el traslado de productos energéticos.
Por eso, mirar a Yemen solamente como un país empobrecido y atravesado por una guerra interna puede llevar a subestimar su importancia. Su ubicación lo convierte en una especie de llave geográfica situada frente a una de las principales conexiones marítimas del planeta.
En definitiva, Yemen no necesita tener el petróleo de Arabia Saudita ni la riqueza financiera de los países del Golfo para convertirse en protagonista de una crisis internacional. Su principal recurso estratégico es mucho más difícil de sustituir: estar ubicado exactamente donde el comercio entre tres continentes necesita pasar.