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HISTÓRICO DESPLOME DE LA CARNE: cayó 12% y ya toca mínimos históricos
El consumo de carne vacuna se derrumbó en los primeros siete meses del año y acumula una fuerte caída por habitante. Los precios avanzaron muy por encima de los salarios y cada vez más familias reducen las compras o reemplazan la carne por alternativas más económicas.
El consumo de carne vacuna atraviesa uno de sus peores momentos de las últimas décadas. Entre enero y julio cayó 12% interanual y el mercado interno recibió 163.400 toneladas menos que durante el mismo período de 2025. El desplome refleja el deterioro del poder adquisitivo y el cambio obligado en los hábitos de consumo de los hogares argentinos.
De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo por habitante también profundizó su retroceso. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en julio en 46,3 kilos anuales por persona, 4,8 kilos menos que un año atrás, lo que representa una caída interanual del 9,4%.
La cifra adquiere especial relevancia cuando se la compara con otros períodos de crisis. El consumo actual se encuentra casi 20 kilos por debajo de los niveles registrados durante 2001, cuando la Argentina atravesaba una de las mayores debacles económicas de su historia.
El retroceso del mercado interno se produjo, además, en un contexto de menor producción. Durante los primeros siete meses de 2026 se produjeron 1,689 millones de toneladas de carne vacuna res con hueso, un 6,8% menos que en igual período del año pasado.
Sin embargo, mientras la cantidad de carne destinada al mercado doméstico se redujo, las exportaciones avanzaron. Entre enero y julio se enviaron al exterior 487.200 toneladas res con hueso, un 8,8% más que durante el mismo período de 2025.
La diferencia muestra un cambio significativo en la dinámica del sector: alrededor de 40.000 toneladas adicionales fueron destinadas al mercado externo mientras el consumo interno continuó en retroceso.
Durante el primer semestre, además, la industria frigorífica exportó 280.100 toneladas peso producto, un 11,1% más interanual. La facturación alcanzó los 2.167,75 millones de dólares, un récord para ese período y un incremento del 45,9% respecto del primer semestre del año anterior.
El contraste es contundente: mientras las ventas externas de carne encuentran un escenario favorable y generan mayores ingresos para la industria, el mercado interno pierde volumen y consumidores.
El precio aparece como uno de los principales factores detrás de esta situación. Según los datos citados por CICCRA, los cortes vacunos aumentaron 52% interanual, mientras que el pollo entero registró una suba del 22,9%. En términos relativos, la carne vacuna aumentó 23,7% más que la carne aviar.
Entre los principales cortes, el cuadril aumentó 53,6% entre julio de 2025 y julio de 2026; la carne picada común, 53,5%; el asado, 52,1%; la paleta, 51,2%; y la nalga, 49,2%. Las hamburguesas congeladas registraron incluso una suba del 60,7%.
El comportamiento durante julio fue más heterogéneo y algunos cortes registraron bajas. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, el osobuco aumentó 2%, mientras que la falda y la paleta subieron 1,2% y la cuadrada 1,1%.
En el mismo período, el vacío cayó 3,9%, el matambre bajó 2,5% y la nalga disminuyó 2%. Pero esas reducciones mensuales no alcanzaron para compensar el fuerte incremento acumulado durante los últimos doce meses.
El problema central, por lo tanto, no se encuentra solamente en lo ocurrido con los precios durante un mes determinado, sino en la brecha que se acumuló entre los ingresos y el costo de los alimentos.
Mientras los salarios registraron una suba interanual del 35,9% en mayo, los principales cortes de carne vacuna aumentaron más de 50%. Esa diferencia implica una pérdida concreta de capacidad de compra para los trabajadores y las familias.
La consecuencia comienza a verse directamente en las carnicerías y supermercados: hogares que antes compraban carne varias veces por semana ahora reducen las cantidades, eligen cortes más baratos o esperan promociones para poder incorporarla a la mesa.
Para una parte de la población, incluso, la carne vacuna dejó de ser un alimento cotidiano y pasó a convertirse en un producto de consumo ocasional. El pollo, las carnes de menor precio y otras alternativas ganan espacio frente a un alimento que históricamente tuvo un lugar central en la dieta argentina.
El fenómeno también modifica la composición del consumo. La reducción no responde solamente a una decisión voluntaria de los hogares, sino a una pérdida de poder adquisitivo que obliga a priorizar otros gastos y a buscar alimentos que permitan estirar el presupuesto.
Así, detrás del derrumbe del 12% aparece una realidad que excede ampliamente a la industria frigorífica. El mercado interno está perdiendo capacidad de absorción al mismo tiempo que las exportaciones crecen y alcanzan niveles récord de facturación.
La paradoja es cada vez más evidente: Argentina produce y exporta carne, pero una porción creciente de sus familias tiene cada vez más dificultades para comprarla.
Los 46,3 kilos por habitante registrados durante los últimos doce meses representan una señal contundente del cambio en los hábitos de consumo y del impacto que tiene la pérdida de poder adquisitivo. La carne vacuna, uno de los productos históricamente asociados a la mesa argentina, vuelve a quedar cada vez más lejos del alcance de muchos hogares.