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Crisis en la industria avícola: Granja Tres Arroyos despidió a 250 trabajadores y frenó una planta clave en Entre Ríos
La principal empresa avícola del país desvinculó a 250 empleados de su establecimiento de Concepción del Uruguay, donde trabajan unas 900 personas. La compañía atribuyó la decisión a la caída de la actividad y al impacto de las restricciones sanitarias sobre las exportaciones.
La crisis que atraviesa la industria avícola argentina volvió a quedar expuesta con una fuerte reducción de personal en Granja Tres Arroyos, una de las principales empresas del sector. La compañía desvinculó a 250 trabajadores de su planta de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, sobre una dotación cercana a los 900 empleados, y paralizó la actividad durante agosto.
Los trabajadores recibieron telegramas de despido en los que la empresa argumentó que la decisión responde a una "grave disminución de trabajo no imputable a esta empleadora", provocada por "circunstancias extraordinarias y ajenas a su voluntad que afectaron de manera directa y sustancial el normal desenvolvimiento de su actividad".
La firma encuadró las desvinculaciones en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que contempla situaciones de falta o disminución de trabajo no imputables al empleador. Las notificaciones fueron emitidas el 29 de julio en Concepción del Uruguay.
La medida generó una fuerte reacción entre los trabajadores y las organizaciones sindicales. La Federación de Trabajadores de Industrias de la Alimentación y el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación de Concepción del Uruguay rechazaron los despidos y calificaron la decisión empresarial como "masiva".
En un comunicado conjunto, los gremios denunciaron "el accionar artero e irresponsable de la empresa frente a la grave situación que atraviesan los trabajadores y trabajadoras" y advirtieron que entre las personas desvinculadas se encuentran delegados del personal.
Para las organizaciones sindicales, la inclusión de representantes de los trabajadores constituye un elemento especialmente grave porque, según plantearon, podría contribuir a "dividir y debilitar" la representación gremial dentro de la planta.
A los despidos se sumaron reclamos relacionados con el pago de salarios. Según denunciaron trabajadores y familiares, la empresa viene abonando los sueldos en cuotas y también habría incumplido con el pago del medio aguinaldo correspondiente al primer semestre del año.
Los gremios reclamaron la preservación de los puestos de trabajo y exigieron un "accionar responsable" tanto de la empresa como de las autoridades nacionales. "Los trabajadores no pueden ser quienes paguen las consecuencias de la crisis", sostuvieron, al reclamar la apertura de una instancia de diálogo que permita encontrar una salida al conflicto.
La paralización de la planta durante agosto se produjo después de varios meses de ajuste progresivo. Granja Tres Arroyos ya había implementado suspensiones operativas, reducciones de jornadas y recortes en los niveles de procesamiento como consecuencia de la caída de la actividad.
El deterioro de la producción había quedado expuesto en mayo, cuando el establecimiento de Concepción del Uruguay cerró temporalmente sus puertas luego de que el volumen de faena diaria cayera de unas 700.000 aves a alrededor de 200.000.
La empresa también redujo el nivel de actividad en su planta de Esteban Echeverría, que pasó de procesar aproximadamente 110.000 pollos diarios a unos 80.000.
A la caída de la demanda y de las exportaciones se sumó el incremento de las importaciones de carne aviar proveniente de Brasil, un factor que, según trabajadores y sectores vinculados con la actividad, profundizó las dificultades que atraviesa la industria nacional.
Uno de los principales obstáculos que enfrentó el sector durante los últimos años fue el impacto de la influenza aviar de alta patogenicidad. Los brotes registrados en establecimientos comerciales provocaron restricciones sanitarias y el cierre temporal de mercados internacionales considerados estratégicos para la producción argentina.
En febrero de 2023, la Argentina perdió temporalmente el acceso a los mercados de la Unión Europea y China luego de la confirmación de los primeros casos de influenza aviar en establecimientos comerciales. Las restricciones se extendieron hasta agosto de ese año y generaron pérdidas estimadas para el sector en unos 160 millones de dólares.
La situación volvió a complicarse en agosto de 2025, cuando un nuevo brote provocó el cierre del mercado europeo para la carne aviar fresca. El escenario se extendió posteriormente debido a nuevos focos detectados durante febrero de 2026 en Ranchos, en la provincia de Buenos Aires, y luego en Lobos, Bolívar y Alejo Ledesma, en Córdoba.
Las restricciones sanitarias tuvieron un fuerte impacto sobre las posibilidades de colocación externa de la producción argentina y se combinaron con un escenario interno marcado por mayores costos y dificultades para sostener los niveles de actividad.
Sin embargo, durante las últimas semanas apareció una señal positiva para el sector exportador. El 28 de julio, la Comisión Europea formalizó la reapertura del mercado mediante la publicación en su Diario Oficial del Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1813.
La medida permitirá que la Argentina vuelva a exportar carne aviar fresca a la Unión Europea desde el 17 de agosto, luego de que las autoridades sanitarias reconocieran la recuperación del estatus del país como libre de influenza aviar de alta patogenicidad.
La reapertura del mercado europeo genera expectativas de recuperación para la actividad, aunque llega en un momento especialmente crítico para empresas y trabajadores. En el caso de Granja Tres Arroyos, la reducción de personal en Concepción del Uruguay expone el impacto que la combinación de restricciones externas, caída de la actividad, aumento de costos y dificultades del mercado interno tuvo sobre uno de los principales empleadores de la industria.
La situación también vuelve a poner en discusión el escenario laboral que atraviesa el sector avícola, una actividad que requiere importantes volúmenes de producción para sostener sus niveles de empleo y que durante los últimos años sufrió fuertes alteraciones en sus mercados de exportación.
Mientras los gremios reclaman la reincorporación de los trabajadores y la preservación de las fuentes laborales, la empresa sostiene que las desvinculaciones responden a una situación extraordinaria de disminución del trabajo.
La reapertura de los mercados internacionales aparece ahora como una posible vía de recuperación para la industria, aunque sus efectos no serán inmediatos. En el caso de la planta de Concepción del Uruguay, la decisión de paralizar la actividad durante agosto y despedir a 250 trabajadores marca la profundidad de la crisis que atraviesa uno de los principales establecimientos avícolas de Entre Ríos.
El conflicto abre así una nueva instancia de tensión entre la empresa y los trabajadores, mientras la industria espera que la recuperación de las exportaciones permita recomponer los niveles de producción y evitar que la crisis continúe traduciéndose en pérdida de puestos de trabajo.