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PARO MASIVO Y TENSIÓN: docentes desafiaron al Gobierno y la respuesta fue un operativo de control con amenazas de sanciones
La medida de fuerza convocada por CTERA y los gremios universitarios tuvo un alto nivel de adhesión en gran parte del país. Mientras miles de escuelas permanecieron sin actividad, el Gobierno monitoreó el acatamiento y advirtió con sanciones si no se garantizaba el servicio mínimo.
El paro nacional docente realizado este lunes se convirtió en una de las mayores muestras de rechazo a la política educativa del gobierno de Javier Milei. La medida de fuerza, impulsada por los principales gremios del sector, registró un elevado nivel de adhesión en numerosas provincias y volvió a poner en evidencia el creciente conflicto entre la administración nacional y la comunidad educativa.
Con escuelas sin clases o con una actividad mínima en gran parte del país, docentes de todos los niveles de enseñanza reclamaron una recomposición salarial, la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente, la convocatoria a una paritaria nacional y el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.
Mientras el paro mostraba un amplio acatamiento, el Gobierno nacional optó por endurecer su postura. El Ministerio de Capital Humano puso en marcha un operativo para controlar el nivel de prestación del servicio educativo y advirtió que podrían aplicarse sanciones si no se garantizaba el 75 por ciento de funcionamiento establecido por la Ley 27.802, que declaró a la educación como servicio esencial.
El secretario de Educación, Julio Cordero, defendió esa decisión y sostuvo que el derecho de huelga debe ejercerse con "moderación". Además, advirtió que, en caso de incumplimiento, "se inicia un proceso sancionatorio para aplicar las sanciones que correspondan".
Las declaraciones oficiales generaron un inmediato rechazo entre las organizaciones sindicales, que interpretaron la medida como un intento de limitar el derecho constitucional a la protesta y de disciplinar a los trabajadores de la educación en medio del conflicto salarial.
Mientras el Gobierno hablaba de controles y posibles sanciones, en numerosas provincias la adhesión al paro fue elevada. Los gremios destacaron que la convocatoria tuvo una importante respuesta en escuelas primarias, secundarias, institutos de formación docente y universidades nacionales, reflejando el descontento existente por la situación del sistema educativo.
Según las organizaciones sindicales, la protesta no respondió únicamente a una demanda salarial. También incluyó el reclamo por la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente, eliminado por el Gobierno nacional, la reapertura de la paritaria docente nacional y el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, además del rechazo al proyecto oficial de "Libertad Educativa".
Desde el Ministerio de Capital Humano insistieron en que el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho de los estudiantes a recibir educación y exhortaron a cumplir con la normativa vigente durante la jornada de protesta.
Sin embargo, los sindicatos respondieron que resulta contradictorio invocar la defensa del derecho a la educación mientras permanecen congeladas las negociaciones salariales, se reducen las partidas destinadas al sistema educativo y continúa sin actualizarse el financiamiento de las universidades nacionales.
Otro de los ejes del conflicto volvió a ser la declaración de la educación como servicio esencial. Para los gremios, esa legislación limita el ejercicio del derecho de huelga al imponer una prestación mínima durante las medidas de fuerza y constituye una herramienta para restringir la capacidad de protesta del sector.
La masividad del paro volvió a poner en evidencia la profundidad del malestar entre los trabajadores de la educación. Pese a las advertencias oficiales, miles de docentes decidieron adherir a la medida de fuerza, reflejando un conflicto que ya excede la discusión salarial y que abarca el rumbo general de la política educativa impulsada por el Gobierno nacional.
Lejos de acercar posiciones, la decisión del Ejecutivo de responder al paro con un operativo de monitoreo y la advertencia de eventuales sanciones profundizó la confrontación con los sindicatos. Sin una convocatoria a una mesa de negociación y con los reclamos aún sin respuesta, el conflicto docente continúa escalando y anticipa nuevas jornadas de tensión entre el Gobierno y uno de los sectores más numerosos del empleo público argentino.