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Paro general de la CGT: ciudad semivacía, transporte parcial y tensión por la reforma laboral

La huelga de 24 horas comenzó a la medianoche contra el proyecto que se debate en Diputados. Trenes y subtes están paralizados, pero taxis, aplicaciones y algunas líneas de colectivos funcionan, en una jornada con impacto dispar.
Desde las cero horas rige el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo en rechazo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, cuyo tratamiento está previsto en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. La medida se extenderá durante veinticuatro horas y cuenta con la adhesión de gremios del transporte, bancarios y empleados de comercio, entre otros sectores.
La central sindical ratificó la huelga luego de descartar una movilización en las inmediaciones del Congreso de la Nación Argentina. En conferencia de prensa, sus dirigentes señalaron que el objetivo es que la jornada refleje una marcada disminución de la actividad económica como forma de rechazo a la iniciativa oficial.
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La Asociación Trabajadores del Estado confirmó su participación en la medida de fuerza, aunque anunció que realizará una manifestación frente al Palacio Legislativo. También el Frente de Sindicatos Unidos, que nuclea a la Unión Obrera Metalúrgica, el gremio de Aceiteros y las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina, expresó su adhesión a la convocatoria.
En paralelo, el Gobierno informó que descontará el día a los empleados estatales que se sumen al paro, en una señal de endurecimiento frente a la protesta sindical.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires el impacto es visible, aunque desigual. La estación Constitución permanece cerrada debido a la interrupción total de trenes y subtes. En sus alrededores se observan filas de pasajeros aguardando colectivos de la empresa DOTA, que presta servicio y no adhiere a la huelga.
El tránsito registra un leve incremento de vehículos particulares en comparación con otras jornadas laborales, aunque sin alcanzar los niveles habituales. Algunos trabajadores reorganizaron sus traslados ante la menor frecuencia del transporte público y la incertidumbre sobre la prestación de servicios.
En la Ciudad de Buenos Aires, la actividad comercial comenzó a normalizarse de manera gradual. Locales que operan durante las veinticuatro horas, como farmacias, kioscos y pizzerías de la avenida Corrientes, abrieron sus puertas. Supermercados también iniciaron su horario habitual, en algunos casos facilitando el traslado del personal mediante vehículos contratados.
El funcionamiento de las estaciones de servicio es dispar. Algunas permanecen cerradas y acordonadas, mientras que otras operan con normalidad según el nivel de adhesión definido por cada establecimiento y su modalidad de gestión.
Entre los servicios afectados se encuentran trenes, subterráneos, vuelos, bancos, parte del transporte automotor, dependencias de la administración pública y establecimientos educativos. El resultado es una jornada de circulación reducida y actividad parcial en distintos puntos del país, en un contexto de fuerte debate político y sindical.

